{"id":66813,"date":"2022-09-20T11:11:47","date_gmt":"2022-09-20T09:11:47","guid":{"rendered":"https:\/\/www.tomajazz.com\/web\/?p=66813"},"modified":"2022-09-20T22:01:19","modified_gmt":"2022-09-20T20:01:19","slug":"eric-hobsbawm-the-jazz-scene-1958","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tomajazz.com\/web\/eric-hobsbawm-the-jazz-scene-1958\/","title":{"rendered":"The Jazz Scene por Eric Hobsbawm: Introducci\u00f3n. Por Juli\u00e1n Ruesga Bono [Texto de jazz]"},"content":{"rendered":"<p>Este texto que os presentamos en Tomajazz es la introducci\u00f3n escrita por el historiador Eric Hobsbawm a la primera edici\u00f3n de su libro <em>The Jazz Scene<\/em>, publicado en 1959. Desde muy joven, Hobsbawm, fue un aficionado entusiasta a la m\u00fasica de jazz y durante m\u00e1s de un decenio escribi\u00f3 rese\u00f1as de conciertos, discos y libros de jazz en la revista <em>The New Statesman, <\/em>donde firmaba bajo el seud\u00f3nimo de Francis Newton (en homenaje a Frankie Newton, trompetista de Billie Holiday). Hobsbawm intentaba mantener separados su trabajo como historiador y profesor universitario del de periodista de jazz -la primera edici\u00f3n de <em>The Jazz Scene<\/em>, se public\u00f3 firmada como Francis Newton, las siguientes ediciones ya se publicaron con su nombre.<\/p>\n<p>El texto que publicamos lo hemos tomado de la \u00faltima edici\u00f3n en ingl\u00e9s, 2015; una edici\u00f3n ampliada que complementa a la obra original con otras dos introducciones escritas por el autor para ediciones posteriores del libro y el a\u00f1adido de un extenso ap\u00e9ndice que contiene una selecci\u00f3n de las rese\u00f1as escritas por Hobsbawm para la revista <em>The New Statesman <\/em>entre 1958 y 1965, y otras rese\u00f1as publicadas en <em>The New York Review of Books, <\/em>entre 1986 y 1989.<\/p>\n<p><em>The Jazz Scene <\/em>es una l\u00facida reflexi\u00f3n sobre el desarrollo del jazz en la primera mitad del siglo XX y los procesos sociales en los que este desarrollo se produjo. Hobsbawm, trata de explicar la evoluci\u00f3n de la m\u00fasica de jazz y el porqu\u00e9 de su difusi\u00f3n y transformaci\u00f3n, analizando el jazz desde su inserci\u00f3n en la cultura contempor\u00e1nea \u2013a trav\u00e9s de la industria musical y la formaci\u00f3n de sus p\u00fablicos. Simult\u00e1neamente, destaca la importancia del jazz como articulador de una forma de resistencia social relacionada con la tradici\u00f3n cultural de los negros en EUA y sus luchas por el reconocimiento social. El libro est\u00e1 dividido en cuatro partes: 1) Historia, 2) M\u00fasica 3) Negocios, y 4) Gentes. Rastrea sus ra\u00edces sociales e hist\u00f3ricas, eval\u00faa su estructura econ\u00f3mica, el cuerpo de m\u00fasicos que lo ha construido, la naturaleza de su audiencia, y los motivos de su aceptaci\u00f3n p\u00fablica, tanto en los EUA. como en otros pa\u00edses. Cuenta su historia y analiza su trama. A pesar del tiempo transcurrido desde que fue escrito, <em>The Jazz Scene, <\/em>no ha perdido inter\u00e9s, quiz\u00e1s si actualidad en alg\u00fan cap\u00edtulo, pero es de lectura m\u00e1s que recomendable y es incomprensible que, a la fecha, no se haya publicado en castellano teniendo en cuenta que el resto de toda la obra de Hobsbawm si est\u00e1 publicada.<\/p>\n<p>Al leer esta introducci\u00f3n, no hay que olvidar que fue escrita en 1958. Hobsbawm explicaba que al escribir este libro se propon\u00eda dos objetivos: examinar el jazz desde un punto de vista hist\u00f3rico \u2013como uno de los fen\u00f3menos m\u00e1s significativos de la cultura mundial del siglo XX- y a la vez ofrecer una introducci\u00f3n al jazz a una nueva generaci\u00f3n de aficionados que lo hab\u00edan descubierto en la d\u00e9cada de 1950 -\u201cpara los lectores con un buen nivel de educaci\u00f3n y de cultura general que en ese momento, empezaban a darse cuenta que ten\u00edan que saber algo sobre el tema (\u2026) fue a mediados de la d\u00e9cada de 1950 que los guardianes de la cultura establecida descubrieron, por primera vez, que deb\u00edan informar a su p\u00fablico sobre el jazz\u00bb. Para nosotros, lectores de 2022, es adem\u00e1s la mirada de un aficionado al jazz que fue una de las mentes m\u00e1s l\u00facidas del siglo XX.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Introducci\u00f3n: \u00a9 Juli\u00e1n Ruesga Bono, 2022<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-66816\" src=\"https:\/\/tomajazz.com\/web\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Eric-Hobsbawm-The-Jazz-SceneWEB.jpg\" alt=\"\" width=\"375\" height=\"600\" title=\"\" srcset=\"https:\/\/tomajazz.com\/web\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Eric-Hobsbawm-The-Jazz-SceneWEB.jpg 375w, https:\/\/tomajazz.com\/web\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Eric-Hobsbawm-The-Jazz-SceneWEB-125x200.jpg 125w, https:\/\/tomajazz.com\/web\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Eric-Hobsbawm-The-Jazz-SceneWEB-344x550.jpg 344w, https:\/\/tomajazz.com\/web\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Eric-Hobsbawm-The-Jazz-SceneWEB-313x500.jpg 313w\" sizes=\"auto, (max-width: 375px) 100vw, 375px\" \/><\/p>\n<h4><strong>Introducci\u00f3n\u00a0<\/strong><strong>a <em>The jazz Scene\u00a0<\/em><\/strong>Eric Hobsbawm<\/h4>\n<p>Este libro trata de uno de los fen\u00f3menos culturales m\u00e1s notables de nuestro siglo. No se trata simplemente de un determinado tipo de m\u00fasica, sino de una conquista extraordinaria y de un aspecto notable de la sociedad en la que vivimos. El mundo del jazz no consiste s\u00f3lo en los sonidos que surgen de determinadas combinaciones de instrumentos tocados de forma caracter\u00edstica. Tambi\u00e9n consiste en los m\u00fasicos que los tocan, blancos y negros, americanos y no americanos. El hecho de que los chicos de la clase obrera brit\u00e1nica de Newcastle lo toquen es al menos tan interesante y bastante m\u00e1s sorprendente que el hecho de que haya progresado en los salones fronterizos del valle del Mississippi.<\/p>\n<p>Consiste en los lugares en los que tocan, la estructura comercial y t\u00e9cnica que se construye en torno a los sonidos, las asociaciones que suscitan. Consiste en las personas que lo escuchan, escriben sobre \u00e9l y lo leen. Ustedes que leen esta p\u00e1gina, yo que la he escrito, no somos la parte menos inesperada y sorprendente del mundo del jazz. Despu\u00e9s de todo, \u00bfqu\u00e9 negocio tenemos con lo que no hace mucho tiempo era un lenguaje musical local de negros y blancos pobres en los estados del sur de EE.UU.? Tambi\u00e9n se trata de ese vasto sector del entretenimiento popular moderno y de la m\u00fasica comercial que ha sido profundamente transformada por la influencia del jazz. De hecho, este libro no trata simplemente del jazz como un fen\u00f3meno aut\u00f3nomo, la afici\u00f3n y la pasi\u00f3n de lo que ahora es un p\u00fablico bastante amplio de entusiastas, sino del jazz como parte de la vida moderna. Si es conmovedor, es porque se mueven hombres y mujeres: usted y yo. Si es un poco lun\u00e1tico y descontrolado, es porque la sociedad en la que vivimos lo es. En todo caso, dejando de lado los juicios de valor, el jazz en la sociedad es lo que trata este libro. Por eso no me he limitado a escribir sobre la historia y la evoluci\u00f3n estil\u00edstica del jazz (temas tratados en las partes 1 y 2), sino que tambi\u00e9n he incluido secciones sobre el jazz como negocio y el jazz y la gente -el m\u00fasico de jazz y el p\u00fablico de jazz- y el jazz y las dem\u00e1s artes.<\/p>\n<figure id=\"attachment_4229\" aria-describedby=\"caption-attachment-4229\" style=\"width: 198px\" class=\"wp-caption alignleft\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-4229 size-full\" src=\"https:\/\/tomajazz.com\/web\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/The-jazz-scene.jpg\" alt=\"Eric Hobsbawm: In memoriam. Por Juli\u00e1n Ruesga Bono. \" width=\"198\" height=\"300\" title=\"\"><figcaption id=\"caption-attachment-4229\" class=\"wp-caption-text\">The Jazz Scene<\/figcaption><\/figure>\n<p>En el momento en que escribo esto, en la primavera de 1958, probablemente no haya ninguna ciudad importante en el mundo en la que alguien no est\u00e9 escuchando un disco de Louis Armstrong o de Charlie Parker, o de m\u00fasicos influenciados por estos artistas, o improvisando sobre el tema del \u201cSt Louis Blues\u201d, o de Indiana, o de \u201cHow High the Moon\u201d. W. C. Handy, que fue el primero en convertir el blues en una forma musical escrita, ha muerto y ha sido depositado en su tumba con el acompa\u00f1amiento de cien o doscientos mil conciudadanos de Harlem y un muro de verborrea por parte de pol\u00edticos y periodistas (blancos) tan s\u00f3lido, si no tan relevante, como el muro de sonido blue que emerge de la se\u00f1orita Carrie Smith y el Back Home Choir de Newark, Nueva Jersey (antes Savannah, Georgia), cantando \u201cI Want Jesus to Walk with Me\u201d. Louis Armstrong ha sido invitado al Festival de Edimburgo. El Partido Dem\u00f3crata Cristiano, en la campa\u00f1a electoral italiana, est\u00e1 contratando bandas de Dixieland para animar sus m\u00edtines, ya que su rival, el Partido Comunista, demostr\u00f3 en las \u00faltimas elecciones locales que atra\u00edan a las multitudes. (El difunto Boss Crump, cuya campa\u00f1a electoral en 1909 produjo el \u201cMemphis Blues\u201d, tuvo la misma idea). Una \u201cbanda internacional\u201d, compuesta por m\u00fasicos de pr\u00e1cticamente todos los pa\u00edses europeos, entre Portugal en el oeste, Checoslovaquia y Polonia en el este, va a tocar en un festival de jazz estadounidense. Bandas de jazz y grupos de <em>skiffle<\/em> acompa\u00f1an la marcha de los opositores a la carrera armament\u00edstica nuclear hacia Aldermaston. Un tal Jack Kerouac publica una novela destinada a simbolizar el destino de la \u201cgeneraci\u00f3n beat\u201d: se simboliza en gran medida en t\u00e9rminos de jazz \u201ccool\u201d. Un novelista y literato de moda rese\u00f1a el jazz para el m\u00e1s intelectual de los peri\u00f3dicos dominicales londinenses. Ante m\u00ed hay una pila de discos tra\u00eddos por un amigo de Johannesburgo: en Sophiatown y el resto de los guetos sudafricanos las \u201cjive bands\u201d tocan lo que es claramente jazz, derivado de los discos americanos de los a\u00f1os 30, la columna \u201cJazz Panorama\u201d del Birmingham Mail informa sobre los \u00faltimos clubes de jazz que se han abierto entre y por los j\u00f3venes de las Midlands brit\u00e1nicas, y registra el hecho de que los discos de jazz m\u00e1s populares en la segunda ciudad de Inglaterra en la actualidad son de Duke Ellington, Oscar Peterson y Miles Davis.<\/p>\n<p>Y sin embargo, cuando nacieron los hombres y mujeres que ahora apenas son de mediana edad, nada de esto exist\u00eda. Esta misma palabra, \u201cjazz\u201d, entr\u00f3 en la imprenta y en su significado hace poco m\u00e1s de cuarenta a\u00f1os, digamos que hacia 1915. Incluso si nos remontamos a la m\u00fasica m\u00e1s all\u00e1 de su etiqueta actual, la vida de un hombre mayor, pero no muy mayor, abarca toda su historia. A principios del siglo XX, incluso los negros sure\u00f1os de fuera del Delta del Misisipi la escuchaban con sorpresa. Cuando la Original Dixieland Jass Band acudi\u00f3 al Reisenweber&#8217;s de Nueva York en 1917, la direcci\u00f3n tuvo que poner avisos se\u00f1alando que esta m\u00fasica estaba destinada al baile. Desde entonces, el jazz ha conquistado y evolucionado de forma totalmente extraordinaria.<\/p>\n<p>Es dif\u00edcil encontrar un paralelismo para su historia \u00fanica. Otros lenguajes musicales locales han tenido un poder de proselitismo similar: el h\u00fangaro, el espa\u00f1ol, el latinoamericano. Nuestra \u00e9poca y nuestra cultura necesitan transfusiones peri\u00f3dicas de sangre para rejuvenecer el arte de la clase media, cansado y agotado, o el arte popular cuya vitalidad se ve mermada por el envilecimiento comercial sistem\u00e1tico y la sobreexplotaci\u00f3n. Desde que los arist\u00f3cratas y la clase media empezaron a tomar prestado el vals de los \u201c\u00f3rdenes inferiores\u201d y la polca del campesinado de una naci\u00f3n ex\u00f3tica y revolucionaria, desde que los intelectuales rom\u00e1nticos descubrieron por primera vez la emoci\u00f3n de las C\u00e1rmenes andaluzas y de Don Jos\u00e9s (que significativamente han sido transpuestos a un escenario de jazz en la pel\u00edcula <em>Carmen Jones<\/em>), la civilizaci\u00f3n occidental ha tenido predilecci\u00f3n por exotismos de todo tipo. Y, sin embargo, el triunfo del jazz es a\u00fan mayor, m\u00e1s universal y omnipresente que el de anteriores modismos comparables. Se ha convertido, de forma m\u00e1s o menos diluida, en el lenguaje b\u00e1sico del baile moderno y de la m\u00fasica popular en la civilizaci\u00f3n urbana e industrial, en la mayor\u00eda de los lugares donde se le ha permitido penetrar.<\/p>\n<p>Ha hecho m\u00e1s. La mayor\u00eda de los lenguajes ex\u00f3ticos han creado un cuerpo de entusiastas que los aprecian no s\u00f3lo como portadores de alg\u00fan nuevo matiz o sensaci\u00f3n musical, sino como artes que hay que estudiar, discutir y, en general, \u201ctomar en serio\u201d. La mayor\u00eda de estos grupos de \u201caficionados\u201d han permanecido como peque\u00f1os grupos aut\u00f3nomos sin mayor influencia, y consisten principalmente en personas con un conocimiento de primera mano de su tema. Conocemos la existencia de estas comunidades dedicadas a las atracciones de los gitanos, los toros, el flamenco, la m\u00fasica folcl\u00f3rica rumana o la danza de \u00c1frica occidental, pero s\u00f3lo como conocemos la existencia de los peque\u00f1os grupos que se han enamorado de la cultura et\u00edope o de los vascos. No son de importancia general. Pero la comunidad de los amantes del jazz no s\u00f3lo es m\u00e1s grande, m\u00e1s influyente, sino tambi\u00e9n m\u00e1s internacional y de mayor importancia en la escena cultural. Despu\u00e9s de todo, \u00bfcu\u00e1ntos diarios serios o fr\u00edvolos, semanarios intelectuales, publicaciones peri\u00f3dicas dedicadas a las artes (fuera de los pa\u00edses directamente afectados) imprimen columnas regulares de cr\u00edtica del flamenco o discusiones sobre danza india? La historia social de las artes del siglo XX no contendr\u00e1 m\u00e1s que una o dos notas a pie de p\u00e1gina sobre la m\u00fasica escocesa de las Highlands o la tradici\u00f3n gitana, pero tendr\u00e1 que tratar con cierta extensi\u00f3n la moda del jazz.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, el propio jazz ha cambiado con una rapidez asombrosa. La m\u00fasica folcl\u00f3rica y los lenguajes similares no son, por supuesto, tan inmutables como a los rom\u00e1nticos les gusta creer. Hay una gran diferencia entre los primeros cantes flamencos de la d\u00e9cada de 1860 y el flamenco actual, a no ser que se busque deliberadamente (y a menudo sin \u00e9xito) el arca\u00edsmo. Pero esta diferencia es como nada comparada con la brecha que separa la m\u00fasica callejera de Nueva Orleans de principios del siglo XX de, por ejemplo, la serie de conciertos de fiscorno en miniatura de Miles Davis y Gil Evans en 1958. El jazz, de hecho, se ha convertido no s\u00f3lo en el lenguaje b\u00e1sico de la m\u00fasica popular, sino tambi\u00e9n en algo parecido a una m\u00fasica art\u00edstica elaborada y sofisticada, que busca tanto fusionarse con la m\u00fasica art\u00edstica establecida del mundo occidental como rivalizar con ella. En comparaci\u00f3n con los lenguajes musicales que a primera vista podr\u00edan parecer del mismo orden, no s\u00f3lo tiene mucho m\u00e1s \u00e9xito, sino que es m\u00e1s inestable y mucho m\u00e1s ambicioso.<\/p>\n<figure style=\"width: 198px\" class=\"wp-caption alignright\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.tomajazz.com\/perfiles\/hobsbawn\/Storia%20sociale%20del%20Jazz%20(edicion%20italiana).jpg\" alt=\"\" width=\"198\" height=\"174\" title=\"\"><figcaption class=\"wp-caption-text\">The Jazz Scene traducido al italiano.<\/figcaption><\/figure>\n<p>\u00bfC\u00f3mo podemos situar este notable fen\u00f3meno en perspectiva? En realidad, este libro no tiene por objeto elaborar teor\u00edas generales ni una sociolog\u00eda del jazz. (Si lo fuera, habr\u00eda suficientes ejemplos horribles como para asustar al menos a este autor y hacerle volver a la cautela). Mi objetivo principal es examinar el mundo del jazz en beneficio del profano inteligente, que no sabe nada de \u00e9l, y quiz\u00e1 tambi\u00e9n del experto que hasta ahora ha pasado por alto algunos de sus rincones no t\u00e9cnicos. Sin embargo, es imposible observar el jazz con alg\u00fan tipo de curiosidad sin intentar averiguar, aunque sea de forma cruda, c\u00f3mo encaja en el marco general de la civilizaci\u00f3n del siglo XX. Desde los inicios del jazz, los observadores han especulado al respecto. Sus especulaciones a menudo carecen de todo valor, salvo como indicaci\u00f3n de sus propios prejuicios y deseos (aunque \u00e9stos tambi\u00e9n pertenecen al mundo del jazz, en la medida en que se refieren a \u00e9l). Si antes de esbozar el tipo de enfoque que he encontrado \u00fatil cito un horrible ejemplo de este tipo de especulaciones anteriores, es simplemente para advertir al lector de que mis propias ideas pueden resultar tan tontas con el paso del tiempo como \u00e9stas.<\/p>\n<p>As\u00ed, en los a\u00f1os 20 era habitual en los c\u00edrculos intelectuales hablar del jazz como \u201cla m\u00fasica del futuro\u201d, aquella cuyo ritmo y estruendo reproduc\u00eda el sonido y el movimiento por excelencia de la era de las m\u00e1quinas, la melod\u00eda de los robots. Es cierto que estas afirmaciones las hac\u00edan normalmente personas que rara vez hab\u00edan entrado en una f\u00e1brica del siglo XX o hab\u00edan escuchado el jazz que hoy reconocer\u00edamos como tal. Sin embargo, esto no justifica su casi total irrelevancia.<\/p>\n<p>En primer lugar, como veremos, la esencia misma del jazz es que no es una m\u00fasica estandarizada o producida en masa (aunque la m\u00fasica popular influenciada por el jazz s\u00ed lo es) y, en segundo lugar, el jazz tiene muy poca relaci\u00f3n con la industria moderna. La \u00fanica m\u00e1quina que el jazz ha intentado imitar en el sonido es el del ferrocarril, que es, a lo largo de la m\u00fasica popular americana del siglo pasado, un s\u00edmbolo universal y m\u00e1s importante del tipo m\u00faltiple acogido por los analistas literarios, pero nunca un s\u00edmbolo de mecanizaci\u00f3n. Por el contrario, como demuestran las decenas de blues ferroviarios, es un s\u00edmbolo de movimiento que trae consigo la libertad personal:<\/p>\n<blockquote><p>Voy a coger un tren de quince vagones,<br \/>\nCuando me busques, me habr\u00e9 ido.<br \/>\nEs un s\u00edmbolo del flujo de la vida, y por tanto del destino:<br \/>\nDos-diez se llev\u00f3 a mi chica,<br \/>\nEl dos-diecisiete la traer\u00e1 de vuelta alg\u00fan d\u00eda.<\/p><\/blockquote>\n<p>Es un s\u00edmbolo de la tragedia y la muerte, como en las numerosas canciones sobre desastres ferroviarios y el blues del suicidio:<\/p>\n<blockquote><p>Voy a poner mi cabeza en esa vieja l\u00ednea de ferrocarril<br \/>\nY deja que el dos-quince apacig\u00fce mi mente.<\/p><\/blockquote>\n<p>El ferrocarril es un s\u00edmbolo de la muerte, como en las numerosas canciones sobre desastres ferroviarios y blues suicidas: \u201cGonna lay my head on that old rail line And let two-fifteen pacify my min\u201d; de la a\u00f1oranza y el dolor: \u201cHow I hate to hear that freight train go boo-hoo\u201d; del trabajo en su construcci\u00f3n, como en la gran balada de John Henry; del poder masculino en su gesti\u00f3n; del sexo, como en \u201cCasey Jones\u201d de Bessie Smith. El ferrocarril es un s\u00edmbolo del viaje del hombre al para\u00edso o a la perdici\u00f3n, como en numerosos sermones negros (\u201cThe Gospel Train\u201d). Los int\u00e9rpretes de jazz, especialmente los pianistas de blues, han reproducido el sonido y la sensaci\u00f3n de este, el \u00fanico producto de la revoluci\u00f3n industrial que ha sido totalmente absorbido por la poes\u00eda y la m\u00fasica, con un poder asombroso, como en \u201cHonky Tonk Train Blues\u201d de Meade Lux Lewis o \u201cStreamline Train\u201d de Red Nelson-Clarence Lofton. Pero si esto refleja alguna fase de la industrializaci\u00f3n, no es la producci\u00f3n en masa del siglo XX, sino la sociedad no mecanizada de finales del XIX. No hay nada en el \u201cjazz ferroviario\u201d que no pudiera haber sido creado en la d\u00e9cada de 1890.<\/p>\n<p>Todo esto es una advertencia contra las generalizaciones salvajes y exhaustivas basadas en un conocimiento insuficiente. Y, sin embargo, tambi\u00e9n se puede generalizar, y me propongo hacerlo. Los lectores que no se sientan a gusto con estas discusiones generales pueden saltarse el resto de esta introducci\u00f3n y pasar directamente a las secciones m\u00e1s realistas de este libro.<\/p>\n<p>La historia de las artes no es una historia, sino, en todos los pa\u00edses, al menos dos: la de las artes tal y como las practica o disfruta la minor\u00eda rica, acomodada o educada, y la de las artes tal y como las practica o disfruta la masa del pueblo llano. Los \u00faltimos cuartetos de Beethoven, por ejemplo, pertenecen casi por completo a la primera; es razonablemente seguro que incluso en Viena muy pocos miembros del p\u00fablico medio del f\u00fatbol aceptaran entradas, incluso gratuitas, para escucharlos. Por otro lado, en Gran Breta\u00f1a ciertos tipos de c\u00f3mic de sal\u00f3n de m\u00fasica pertenecen casi por completo al segundo. Me atrevo a decir que algunos profesores universitarios, por ejemplo, han visto alguna vez a Lucan y McShane, o a Frank Randle, pero casi seguro que no les ha gustado; tampoco se les ocurrir\u00eda incluirlos en una historia de las artes del siglo XX, suponiendo que tuvieran que escribirla. Hay, afortunadamente, solapamientos. La educaci\u00f3n o el orgullo nacional y social convierten a los artistas minoritarios en universales. La democracia, los medios de comunicaci\u00f3n modernos o el orgullo nacional hacen que el p\u00fablico minoritario conozca la tradici\u00f3n com\u00fan, y hay formas de arte que, incluso sin estas ayudas, son lo suficientemente poderosas como para presionar inexorablemente hacia un nuevo territorio: el jazz es una de ellas. Pero sigue siendo cierto, fuera de los pa\u00edses cuya principal tradici\u00f3n cultural es la popular (e incluso a veces dentro de ellos), que cuando se escribe en los libros, \u201ccultura\u201d o \u201cartes\u201d significa cultura minoritaria y artes minoritarias. Arnold Bennett, Thomas Hardy, G. K. Chesterton est\u00e1n en la Historia de Inglaterra de Oxford, pero no Marie Lloyd, ni la final de la Copa como instituci\u00f3n. Sterndale Bennett y la Sociedad Filarm\u00f3nica de Londres est\u00e1n, pero no el movimiento de bandas de m\u00fasica del norte y los orfeones que cantan su Mes\u00edas. Si se trata de eso, incluso los estadounidenses, que tienen muchas menos excusas para descuidar su tradici\u00f3n popular, dedican mucho m\u00e1s tiempo a analizar sus compositores cl\u00e1sicos que han producido, aceptables pero en absoluto sensacionales, que a su m\u00fasica folcl\u00f3rica y al jazz, que son contribuciones mucho m\u00e1s originales e influyentes en la cultura mundial.<\/p>\n<p>Poco hay que decir sobre el lugar que ocupa el jazz en la cultura minoritaria, las \u201cartes oficiales\u201d. Como veremos, hasta hace poco s\u00f3lo ha tenido un lugar marginal entre ellas, en parte porque las artes oficiales lo ignoraban, en parte porque se resent\u00edan de \u00e9l como una especie de revuelta populista contra su estatus y sus pretensiones superiores, o como una agresi\u00f3n filistea contra la cultura. Es ambas cosas, aunque tambi\u00e9n es mucho m\u00e1s. En la medida en que el jazz ha sido absorbido por la cultura oficial, es como una forma de exotismo, como la escultura africana o la danza espa\u00f1ola, uno de los tipos de exotismo del \u201cnoble salvaje\u201d por medio del cual los intelectuales de clase media y alta intentan compensar las deficiencias morales de su vida, especialmente hoy en d\u00eda, cuando han perdido la confianza decimon\u00f3nica en la superioridad de esa vida. Esto no es una cr\u00edtica al jazz. Un cantante de blues de Carolina del Norte, un trompetista de la vieja Nueva Orleans, un m\u00fasico-espect\u00e1culo profesional, el veterano de d\u00e9cadas de giras y bailes de sal\u00f3n, no son responsables del hecho de que los intelectuales europeos o americanos (incluyendo, supongo, a quien escribe estas observaciones) lean la respuesta a sus frustraciones en su m\u00fasica.<\/p>\n<p>Har\u00edan bien en escuchar la voz del Sr. Rex Stewart, el trompetista: \u201c\u00a1Y eso de que no somos sinceros! Escucha, cuando una banda entra en un estudio para hacer una sesi\u00f3n los chicos no se sientan para ser sinceros. Simplemente tocan. Eso es todo\u201d. O del Sr. Harry Carney, el saxofonista: \u201cLos cr\u00edticos se lo toman demasiado en serio. No paran de escribir teor\u00edas sobre ella y de hablar de su historia y de la selva y de los tom-toms y de la influencia del hombre blanco. Hay que tom\u00e1rselo con calma. Hay que tocar jazz para disfrutar de \u00e9l, no para inventar su historia\u201d.<\/p>\n<p>Pues bien, no es tan sencillo. En cualquier caso, el intelectual amante del jazz no puede \u201ctom\u00e1rselo con calma\u201d. Si pudiera, probablemente no sentir\u00eda la necesidad del jazz, excepto quiz\u00e1s como una buena m\u00fasica r\u00edtmica para bailar.<\/p>\n<p>Donde el jazz desempe\u00f1a su papel realmente importante y tiene su verdadera vida es en la tradici\u00f3n com\u00fan de la cultura.<\/p>\n<p>\u00c9sta se encuentra en la oscuridad anal\u00edtica, iluminada s\u00f3lo por algunas generalizaciones vagas y a veces enga\u00f1osas. Supongo que la m\u00e1s conocida de ellas (que tambi\u00e9n refleja el romanticismo incurable de la mayor\u00eda de las personas que se ocupan del tema) es algo as\u00ed. La cultura popular actual, en los pa\u00edses industrializados y urbanizados, es una cuesti\u00f3n de entretenimiento comercializado, estandarizado y producido en masa, difundido por medios de comunicaci\u00f3n de masas como la prensa, la televisi\u00f3n, el cine y dem\u00e1s, y que produce un empobrecimiento y una pasividad culturales: un pueblo de observadores y oyentes que asimilan cosas empaquetadas y predigeridas. En alg\u00fan momento del pasado, depende del punto de vista del observador, la cultura popular era viva, vigorosa y en gran medida autodidacta, como en el caso de las canciones populares rurales, la danza folcl\u00f3rica y otras actividades similares. Hay mucho de cierto en esto. El problema es que tales generalizaciones dejan de lado todo lo que podr\u00eda ayudarnos a entender el mundo del jazz, y mucho m\u00e1s sobre los problemas de la cultura popular.<\/p>\n<figure style=\"width: 136px\" class=\"wp-caption alignleft\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.tomajazz.com\/perfiles\/hobsbawn\/historia%20social%20do%20jazz_brasil.jpg?resize=136%2C198\" alt=\"\" width=\"136\" height=\"198\" title=\"\"><figcaption class=\"wp-caption-text\">The Jazz Scene edici\u00f3n brasile\u00f1a.<\/figcaption><\/figure>\n<p>En primer lugar, dejan de lado la pregunta: \u00bfqu\u00e9 pas\u00f3 realmente con la floreciente y antigua cultura popular preindustrial? No cabe duda de que parte de ella se extingui\u00f3 con la industrializaci\u00f3n, como la mayor parte de las canciones populares rurales inglesas, o sobrevivi\u00f3 simplemente en rincones remotos del campo a la espera de las grabadoras de los entusiastas de las canciones populares itinerantes. Pero otros tipos de cultura popular fueron m\u00e1s adaptables y lograron florecer con bastante vigor en una sociedad urbanizada o industrializada, al menos hasta el surgimiento de los espect\u00e1culos producidos en masa y estandarizados: por ejemplo, las canciones y los pasajes c\u00f3micos del music-hall ingl\u00e9s. Sin embargo, otros fueron lo suficientemente resistentes y poderosos como para sobrevivir incluso al entorno del entretenimiento mecanizado, o incluso para dominarlo en parte. El jazz es el principal de ellos. Si tuviera que resumir la evoluci\u00f3n del jazz en una sola frase, dir\u00eda: Es lo que ocurre cuando una m\u00fasica folcl\u00f3rica no se hunde, sino que se mantiene en el entorno de la civilizaci\u00f3n urbana e industrial moderna. Porque el jazz, en sus or\u00edgenes, es una m\u00fasica folcl\u00f3rica del tipo estudiado por los coleccionistas y expertos: tanto rural como urbana. Y algunas de las caracter\u00edsticas fundamentales de la m\u00fasica folcl\u00f3rica se han mantenido en ella a lo largo de su historia; por ejemplo, la importancia de la tradici\u00f3n del boca a boca para transmitirla, la importancia de la improvisaci\u00f3n y las ligeras variaciones de una actuaci\u00f3n a otra, y otras cuestiones. Gran parte de ella ha cambiado de forma irreconocible; pero eso, al fin y al cabo, es lo que cabe esperar de una m\u00fasica que no muere, sino que sigue evolucionando en un mundo din\u00e1mico y tempestuoso.<\/p>\n<p>En segundo lugar, las generalizaciones sobre la cultura popular dejan de lado la cuesti\u00f3n de c\u00f3mo la industria del entretenimiento de producci\u00f3n masiva, que incuestionablemente toma el relevo de las formas preindustriales de cultura, llega al entretenimiento estandarizado que pro\u00adpone, c\u00f3mo lo estandariza y c\u00f3mo ese entretenimiento estandarizado conquista al p\u00fablico. Porque el Tin Pan Alley no inventa sus melod\u00edas y modas en una especie de laboratorio comercial como la industria conservera no invent\u00f3 los alimentos: descubre lo que es m\u00e1s rentable procesar y luego lo procesa. Esto es especialmente importante, ya que, a diferencia de otras industrias modernas, que a veces crean demandas realmente nuevas -por ejemplo, para los aviones-, la industria del entretenimiento atiende a demandas que han permanecido sustancial\u00admente inalteradas a lo largo de los a\u00f1os. En ninguna parte es mayor el contraste entre los m\u00e9todos t\u00e9cnicamente revolucionarios con los que el entretenimiento y las artes se llevan hoy a la gente -televisi\u00f3n, tocadiscos, pel\u00edculas y dem\u00e1s- y el conservadurismo de la materia real que se les lleva. Un feriante de la Edad Media se perder\u00eda en un estudio de televisi\u00f3n, pero se sentir\u00eda perfectamente a gusto con la mayor parte del entretenimiento televisivo.<\/p>\n<p>Ahora bien, la materia prima original del entretenimiento de masas es principalmente una forma adaptada de entretenimiento anterior, e incluso hasta el d\u00eda de hoy la industria sigue reviviendo de vez en cuando recurriendo a esta fuente, y encuentra algunas de sus actividades m\u00e1s fruct\u00edferas en las formas m\u00e1s antiguas y perennes, las menos \u201cindustrializadas\u201d de la creaci\u00f3n popular. Pensemos en el \u201cWestern\u201d, que ha mantenido una popularidad constante, incluso creciente, a lo largo de un periodo de vertiginosas revoluciones t\u00e9cnicas. En el fondo, el \u201cWestern\u201d es un sistema de mitos, moral y cuentos de aventuras del tipo que puede encontrarse en cualquier sociedad. Resulta que este conjunto concreto ha sido concebido por la tradici\u00f3n m\u00e1s vigorosa y viva de la cultura popular en el mundo occidental moderno para adaptarse a las necesidades de ese mundo. La industria del entretenimiento se ha limitado a adoptarlo, modificarlo de vez en cuando y producirlo en masa. Otras artes y temas populares \u201cpreindustriales\u201d han sido asumidos de forma mucho m\u00e1s distorsionada y diluida. El jazz es uno de ellos, aunque tambi\u00e9n ha sido lo suficientemente fuerte como para mantener una vida propia. Hay razones de peso para que el lenguaje que se ha convertido en fundamental para la m\u00fasica popular occidental proceda de una fuente americana y, dentro de ella, de una mezcla afroamericana, aunque algunas de ellas siguen siendo oscuras. Pero cuando consideramos el vasto y tibio lago de la m\u00fasica pop moderna, m\u00e1s o menos te\u00f1ida de jazz, debemos recordar no s\u00f3lo el procesamiento comercial que la hace tan ins\u00edpida, sino los fr\u00edos y aut\u00e9nticos manantiales de los que ha sacado, y a veces sigue sacando, su agua.<\/p>\n<p>Hay que recordarlo, porque el fen\u00f3meno de la cultura popular, incluso hoy, no puede entenderse en absoluto si no se recuerda constantemente lo contradictorio que es. Cuando la gente enciende el televisor, espera ser \u201csacada de s\u00ed misma\u201d, pero al mismo tiempo espera ser \u201cdevuelta a s\u00ed misma\u201d. La misma gente que en los salones de m\u00fasica victorianos aplaud\u00eda las canciones sobre los toffs imposiblemente vestidos que giraban bastones y bigotes (Champagne Charlie) y las que hablaban de suegras, alquileres y prestamistas. La misma gente aplaudi\u00f3 en los cines de ayer el pa\u00eds de <em>nunca jam\u00e1s<\/em> de las divinidades sobrenaturalmente bellas, ricas y sin problemas y las acusaciones de Charlie Chaplin de los pobres desamparados contra los poderosos ricos. El arte popular es el mito y el pa\u00eds de los sue\u00f1os, pero tambi\u00e9n la protesta, porque el pueblo llano siempre tiene algo por lo que protestar. Los peri\u00f3dicos sensacionlistas, que han descubierto una y otra vez que la f\u00f3rmula rentable es una combinaci\u00f3n de tarta de queso y radicalismo, saben de qu\u00e9 van.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo, la demanda de ser \u201csacado de\u201d y \u201cdevuelto a\u201d uno mismo es tanto una aceptaci\u00f3n como un rechazo de la industria del entretenimiento. Porque, por la naturaleza de su estructura t\u00e9cnica y econ\u00f3mica, esa industria tiende, si se la deja, a desarrollar un lado de esta demanda m\u00e1s que el otro. En este sentido, los profetas que durante un siglo han predicho que el comercialismo convertir\u00eda a las masas en una colecci\u00f3n de rostros inexpresivos que esperan ser alimentados con cuchara, en imb\u00e9ciles de la televisi\u00f3n, no est\u00e1n del todo equivo\u00adca\u00addos. La industria produce art\u00edculos listos para ser vendidos a las audiencias; y las audiencias m\u00e1s convenientes son las que acuden regularmente y en silencio y se sientan en la oscuridad para disfrutar del espect\u00e1culo con la boca abierta: las audiencias m\u00e1s amplias, las que se sientan en casa, solas o en peque\u00f1os grupos, mirando el peri\u00f3dico o encendiendo la radio o la televisi\u00f3n. Si la industria no ha conseguido convertir al p\u00fablico en un conjunto de imb\u00e9ciles es porque el p\u00fablico no s\u00f3lo quiere sentarse como poblaci\u00f3n estad\u00edstica para disfrutar del espect\u00e1culo. Tambi\u00e9n quiere hacer su propio entretenimiento; participar en \u00e9l de forma activa y, sobre todo, social. Hay trabajadores brit\u00e1nicos que van a los partidos de f\u00fatbol bajo el aguanieve y la escarcha en lugar de verlos, mejor y m\u00e1s c\u00f3modamente, por la televisi\u00f3n, porque la participaci\u00f3n activa, el rugido del p\u00fablico que hace que el equipo juegue mejor, forma parte de su disfrute tanto como la mera visi\u00f3n de los jugadores. Hay muchos m\u00e1s ciudadanos que no disfrutar\u00edan de su televisi\u00f3n si no pudieran tambi\u00e9n hablar de ella, argumentar los m\u00e9ri\u00adtos de cada programa, o tal vez simplemente cotillear, una tendencia tan natural como la de la mayor\u00eda de la gente a tomarse las copas juntos y no en soledad. Entre los j\u00f3venes este deseo de hacer y participar activamente en el entretenimiento social es naturalmente mucho m\u00e1s fuerte. Fueron los j\u00f3venes los que abandonaron los cines y las pantallas de televisi\u00f3n en Gran Breta\u00f1a en los a\u00f1os 50 por los clubes de jazz y los grupos de <em>skiffle<\/em>. La demanda de la cultura popular es a la vez \u201ccomercial\u201d y anticomercial, aunque, por supuesto, pertenece al esquema de las cosas que tan pronto como una demanda anticomercial es lo suficientemente grande, se convierte autom\u00e1ticamente (bajo las condiciones del capitalismo) en comercial y se abastece, en la medida de las posibilidades de la industria, hasta que a su vez se diluye en papilla.<\/p>\n<p>El atractivo del jazz siempre se ha debido a su capacidad de suplir las cosas que la m\u00fasica pop comercial eliminaba de su producto. Se ha abierto camino como una m\u00fasica que la gente hac\u00eda y participaba activa y socialmente, y no como una m\u00fasica de aceptaci\u00f3n pasiva; como un arte duro y realista y no como un amaneramiento sentimental; como una m\u00fasica no comercial, y sobre todo como una m\u00fasica de protesta (incluida la protesta contra el exclusivismo de la cultura minoritaria). Ha tenido un \u00e9xito asombroso y universal. Pero se ha abierto camino por dos v\u00edas. Una de ellas ha sido a trav\u00e9s de la industria del entretenimiento ordinario, comercial y popular, dentro de la cual el jazz viv\u00eda, y a\u00fan vive, y que constantemente ha tomado prestado de \u00e9l lo que no pod\u00eda dar al p\u00fablico sin ayuda, hasta debilitar sus pr\u00e9stamos. El jazz se ha abierto camino como parte del mundo del pop, como un sabor especial en una m\u00fasica pop cada vez m\u00e1s influenciada por el jazz. Pero el jazz tambi\u00e9n se ha abierto camino de forma independiente, como un arte separado, apreciado por grupos especiales de personas bastante separadas de la m\u00fasica pop comercial y, por lo general, en franca oposici\u00f3n a ella. Sin embargo, la m\u00fasica pop nunca ha dejado al jazz fuera del alcance de sus tent\u00e1culos, y mientras siga formando parte de la tradici\u00f3n popular en las artes es dif\u00edcil ver c\u00f3mo puede hacerlo. Porque, como he intentado argumentar, la industria del entretenimiento popular no es m\u00e1s que una transformaci\u00f3n y adaptaci\u00f3n (casi siempre un envilecimiento) de esa tradici\u00f3n.<\/p>\n<p>El jazz se ha mantenido en esta extra\u00f1a y complicada relaci\u00f3n familiar con la m\u00fasica popular por otra raz\u00f3n o, si se quiere, por otra faceta de su \u201cpopulismo\u201d. A lo largo de la mayor parte de su historia ha sido condenada al ostracismo o ignorada por las artes minoritarias oficiales. No ha \u201cpertenecido\u201d. Normalmente no se han levantado las cejas en los c\u00edrculos donde ser\u00eda fatal no haber o\u00eddo hablar de Wozzeck o Petrushka cuando un ciudadano pensaba que Art Tatum era un boxeador o Charlie Parker un antiguo compa\u00f1ero de colegio. M\u00e1s a\u00fan: entre much\u00edsimas personas educadas y cultas que ahora apenas llegan a la mediana edad, y especialmente entre las musicales, el jazz ha sido activamente rechazado y despreciado, en parte quiz\u00e1 porque el mundo del jazz era, y es, en cierta medida una rebeli\u00f3n contra los valores de la cultura minoritaria. Hoy en d\u00eda el jazz ha llegado a ser mucho m\u00e1s aceptado. Demasiado, quiz\u00e1s, para su propio bien, ya que es muy posible que el jazz florezca tan mal en el ambiente de los conservatorios y los recitales de m\u00fasica de c\u00e1mara como lo habr\u00eda hecho Marie Lloyd en los salones de las casas de campo. Pero no hay duda de que la larga relegaci\u00f3n del jazz a un mundo inferior al de las artes oficiales ha tenido su efecto. Por un lado, ha hecho que el jazz tenga mucha menos influencia en las dem\u00e1s artes y que se estudie y analice mucho menos seriamente de lo que cabr\u00eda esperar.<\/p>\n<p>Creo que es necesario estudiarlo y analizarlo, aunque este libro no pretende m\u00e1s que hacer un recorrido por el mundo del jazz, ponerlo en perspectiva, presentar al lector sus diferentes regiones. Es un mundo total y absolutamente fascinante, incluso para el hombre o la mujer que no tiene intenci\u00f3n de analizarlo, o que no le gusta especialmente el sonido que emerge incesantemente de \u00e9l: el sonido de la m\u00fasica, el sonido del golpeteo de los pies de los aficionados, el sonido de los hombres de negocios que hablan entre s\u00ed para hacer negocios. Pero es doblemente fascinante si lo consideramos no simplemente como un espect\u00e1culo cinematogr\u00e1fico del comportamiento humano, a menudo en Technicolor, sino como una de las claves del problema que nos concierne a todos.<\/p>\n<p>El viejo banjista de Nueva Orleans Johnny St Cyr dijo una vez a un entrevistador:<\/p>\n<p>Ver\u00e1, el trabajador medio es muy musical. Tocar m\u00fasica para \u00e9l es simplemente relajante. Le gusta tanto tocar como a otros bailar. Cuanto m\u00e1s entusiasta es su p\u00fablico, m\u00e1s esp\u00edritu tiene el trabajador para tocar. Y con sus sentimientos naturales de esa manera, nunca hace lo mismo dos veces. Cada vez que tocas una melod\u00eda, se te ocurren nuevas ideas y las metes.<\/p>\n<p>Si necesitamos una ilustraci\u00f3n del tipo de arte, y del tipo de relaci\u00f3n entre el arte y el pueblo, con el que so\u00f1aba William Morris (\u201cun arte hecho por el pueblo para el pueblo como una alegr\u00eda para el fabricante y el usuario\u201d) podr\u00edamos hacerlo peor que esto. Es un buen negocio. Est\u00e1 manifiestamente lejos de la realidad de las artes en nuestra sociedad urbana e industrial occidental, y lo m\u00e1s probable es que cada d\u00e9cada, al industrializar y estandarizar la producci\u00f3n de entretenimiento de masas, la aleje a\u00fan m\u00e1s. \u00bfC\u00f3mo vamos a devolver a las artes el lugar que les corresponde en la vida, y a hacer aflorar las capacidades creativas de todos nosotros? No pretendo que el jazz tenga la respuesta. De hecho, gran parte de \u00e9l se ha metido en uno u otro de los callejones sin salida que atormentan a las artes en nuestro mundo: bien en la m\u00fasica pop comercializada, bien en la m\u00fasica art\u00edstica esot\u00e9rica. Pero la historia del jazz, ese notable sonido del delta del Mississippi que, sin el beneficio del mecenazgo ni de las campa\u00f1as publicitarias, ha conquistado un asombroso territorio geogr\u00e1fico y social, puede aportar parte del material para una respuesta. Podemos ver c\u00f3mo funciona y cambia un arte popular genuino y excepcionalmente vigoroso y resistente en el mundo moderno, y cu\u00e1les son sus logros y limitaciones. Entonces podremos sacar conclusiones. No es objeto de este libro sacarlas. He escrito una introducci\u00f3n al jazz, no un programa art\u00edstico. Pero tal vez sea conveniente se\u00f1alar que, si el lector est\u00e1 dispuesto a ello, puede obtener algo m\u00e1s que informaci\u00f3n y entretenimiento del mundo del jazz.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Texto original: \u00a9 Eric Hobsbawm, 1958<\/p>\n<h4>M\u00e1s sobre Eric Hobsbawm en Tomajazz<\/h4>\n<blockquote class=\"wp-embedded-content\" data-secret=\"EDsRPs7msq\"><p><a href=\"https:\/\/tomajazz.com\/web\/eric-hobsbawm-in-memoriam-por-julian-ruesga-bono\/\">Eric Hobsbawm: In memoriam. Por Juli\u00e1n Ruesga Bono<\/a><\/p><\/blockquote>\n<p><iframe loading=\"lazy\" class=\"wp-embedded-content\" sandbox=\"allow-scripts\" security=\"restricted\" style=\"position: absolute; visibility: hidden;\" title=\"\u00abEric Hobsbawm: In memoriam. Por Juli\u00e1n Ruesga Bono\u00bb \u2014 Tomajazz\" src=\"https:\/\/tomajazz.com\/web\/eric-hobsbawm-in-memoriam-por-julian-ruesga-bono\/embed\/#?secret=wusoG4rDFZ#?secret=EDsRPs7msq\" data-secret=\"EDsRPs7msq\" width=\"600\" height=\"338\" frameborder=\"0\" marginwidth=\"0\" marginheight=\"0\" scrolling=\"no\"><\/iframe><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/tomajazz.com\/web\/?s=hobsbawm&amp;submit=Search\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">https:\/\/tomajazz.com\/web\/?s=hobsbawm&amp;submit=Search<\/a><\/p>\n<h4>M\u00e1s informaci\u00f3n sobre Eric Hobsbawm<\/h4>\n<p><a href=\"https:\/\/www.newyorker.com\/books\/under-review\/eric-hobsbawm-the-communist-who-explained-history\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">https:\/\/www.newyorker.com\/books\/under-review\/eric-hobsbawm-the-communist-who-explained-history<\/a><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.biografiasyvidas.com\/biografia\/h\/hobsbawn.htm\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">https:\/\/www.biografiasyvidas.com\/biografia\/h\/hobsbawn.htm<\/a><\/p>\n<h4>Juli\u00e1n Ruesga Bono en Tomajazz<\/h4>\n<p><a href=\"https:\/\/tomajazz.com\/web\/?cat=17854\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">https:\/\/tomajazz.com\/web\/?cat=17854<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En Tomajazz publicamos la introducci\u00f3n del libro de Eric Hobsbawm The Jazz Scene (1958). Juli\u00e1n Ruesga Bono pone en contexto al autor y su obra. <span class=\"more-link\"><a href=\"https:\/\/tomajazz.com\/web\/eric-hobsbawm-the-jazz-scene-1958\/\">Contin\u00faa leyendo<\/a><\/span><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":66816,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[17854,78,24822,113,15517,1038],"tags":[4855,603,27762],"class_list":["entry","author-pachi","has-excerpt","post-66813","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","category-julian-ruesga-bono","category-afondo","category-articulos","category-extractos","category-textos","category-contenidos","tag-eric-hobsbawm","tag-julian-ruesga-bono","tag-the-jazz-scene"],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/tomajazz.com\/web\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Eric-Hobsbawm-The-Jazz-SceneWEB.jpg","jetpack_likes_enabled":true,"jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack-related-posts":[{"id":4228,"url":"https:\/\/tomajazz.com\/web\/eric-hobsbawm-in-memoriam-por-julian-ruesga-bono\/","url_meta":{"origin":66813,"position":0},"title":"Eric Hobsbawm: In memoriam. 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