El Rincón de Chema: !Ah, sí, el centenario de Miles! Una perspectiva patafísica
“Lo que siempre nos pareció inconcebible acaba de suceder: Miles Davis ha muerto”.
Ebbe Traberg (1)
Introducción – Sierra de Araras
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Miles cumple 100 años y en Araras hace un frío impropio para la época del año. El ingeniero de sonido nunca oyó hablar de Miles Davis / Sonny Rollins falleció anoche sólo que, aquí, las noticias llegan con retraso. El ingeniero de sonido no sabe de ningún Sonny Rollins. En menos de 24 horas el jazz ha muerto y resucitado. Blas Rivera, saxo tenor marca Playel, sabe quién fue Sonny Rollins y por eso le dedica un sólo al maestro. El ingeniero de sonido que no sabe quién fue S.R. transforma el solo de Blas en una montaña rusa de colores y números que van y vienen.
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Desde mi puerto de observación, entreveo el verdor absorbente, casi alpino, ciertamente tropical, de la serranía que circunda la ciudad de Rio de Janeiro: trópicos utópicos, paraísos perdidos y encontrados, Sierra de Araras, por donde quiere decirse “de Las Papagayas”; estudio de grabación de Sergio Lima Neto, el maestro sin método, el alumno indisciplinado que no sabe quienes fueron Rollins y Miles llegándose al corazón de la musicalidad brasileña.
Sergio es, seguramente, el único ser humano sobre la tierra que no sabe quien fue Miles Davis y el mejor ingeniero de sonido que existe.
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Mi Miles, tu Miles
Miles Davis, lo reconozco, es la piedra en mi zapato. Miles era un hueso duro de roer, un tipo desagradable cuando se le venía en gana, arrogante y chulo, salvo que casi siempre tenía la razón. Entre nosotros, entre Miles y yo, quiero decir, no había feeling, por lo que fuera, con lo que mi relación con el trompetista fue abrupta tirando a absurda y a poco estimulante, salvo en una ocasión, cuando le llevé un ejemplar de Sketches of Spain para que me lo dedicara. Ingenuo de mí, presté el ejemplar a un amigo de toda confianza y todavía estoy esperando a que me lo devuelva.
Yo, claro, tengo mi idea de Miles que no coincide con la de otros, lo que no quiere decir que yo tenga razón y los otros no. Así, que el futuro se hiciera presente en la música de Miles, como suele afirmarse, se me antoja un lugar común sin contenido y tirando a tonto. Miles no se adelantó a su tiempo, ¿cómo podría haberlo hecho? Más bien recogió, repensó, incorporó, aplicó, integró. Básicamente, hizo lo que le dio la gana.
Luego, que la modernidad ha convertido a Miles Davis en objeto decorativo, papel de pared, lo cool, que mola, y Kind of blue, el primer disco de chill out de la historia (el segundo es A love supreme).
En el rock, nunca pasó de un papel segundón, como telonero de quienes no le llegaban a la suela de los zapatos pero tenían a Bill Graham firmando los cheques. Miles mezclaba a Sly Stone con Stockhausen, y de aquello salió “Spanish key” e “In a silent way”. Miles fue el free/anti-free de su quinteto hegeliano, “para poder destruir alguna cosa, debe existir previamente algo que destruir”. Y en esa onda.
La roquería, hoy, escribe sobre Miles porque se aburre con sus cosas. A los clásicos, el que les gusta es Chet Baker. La gitanada, más en lo suyo, entendió que no hay nada que entender en Miles, y por eso.
Antes que nada, Miles Davis es un sonido que viaja en el tiempo.
Impenetrable, pero no tanto
Miles Ahead (la peli) habla de Miles Davis, o de alguien que se le parece, en sus años de retiro espiritual en los que permaneció alejado de los focos, los estudios de grabación y el mundo en general: sus años oscuros, entre 1975 y 1980 aprox. Los mismos años que uno empleó en enterarse de que, además de chicas, había algo llamado jazz, un asunto del nadie hablaba en este país, lo que lo hacía más interesante. No tardé en comprobar que ambas cosas, las chicas y el jazz, como el jazz y el cine, son incompatibles, pero, qué quieren: uno no elige de quién se enamora.
Mi primer “Miles” -¿Bitches brew?- se lo birlé a un amigo de posibles. Caí rendido: totus tuus, Príncipe de las Tinieblas. Luego vinieron los Soft Machine, que no eran Miles pero se le parecían, a la discoteca M & M, año de 1973, y nos hicimos la ilusión de que esto era lo que no era. Más luego llegaron Dolores, que no llegaron porque ya estaban aquí, más exactamente en el Raíces, sotanillo de Rodríguez San Pedro, en Madrid, del que uno fue asiduo, por razones tanto económicas como geográficas: yo vivía a espaldas del mismo. Como suele suceder con los sótanos, Raíces tenía una escalera angosta por la que se accedía al intríngulis y, a su término, un cartel en el que se anunciaba la actuación de Miles Davis en Madrid. De coña, naturalmente.
Todo cuanto se refería a Miles estaba envuelto en una nebulosa tan difusa como todas las nebulosas. Sabíamos lo que nos contaban y, lo que no sabíamos, nos lo inventábamos; que si estaba vivo (había dudas razonables), que si andaba puesto hasta las trancas, que si no quería ver a nadie… el tipo de cosas que creíamos consustanciales al músico de jazz. Nada que nos llamara la atención especialmente. Mientras, la CBS -licencia de Columbia Records- nos callaba la boca a base de rebañar el fondo de armario, de donde aquel recopilatorio con el careto del artista en un verde negruzco más bien siniestro y el anzuelo de un par de temas inéditos. Podrían habérselos ahorrado: tampoco teníamos los discos originales. Era otro mundo/otro jazz. Día sí, día también, nos preguntábamos si alguna vez alcanzaríamos a escucharle (a Miles). Un decir: en realidad, estábamos seguros de que nunca lo conseguiríamos.
Y entonces ocurrió: “Miles Davis vuelve a los escenarios”. Lo que significaba que los japoneses, los noruegos, los británicos etc. iban a poder escucharle. Aquí, bastante teníamos montándonos una transición, Spain is different y esas cosas.
![¡Ah, sí, el centenario de Miles! Una perspectiva patafísica. Por Chema García [Escrito de jazz AKA El Rincón de Chema] [Junio de 2026] Tomajazz Miles Davis Palacio de los Deportes 1982 ¡Ah, sí, el centenario de Miles! Una perspectiva patafísica. Por Chema García [Escrito de jazz AKA El Rincón de Chema] [Junio de 2026] - Tomajazz - ¡Ah, sí, el centenario de Miles! Una perspectiva patafísica, es la nueva aportación de Chema García en El Rincón de Chema, en el centenario del nacimiento del trompetista](https://tomajazz.com/web/wp-content/uploads/2026/06/Miles-Davis-Palacio-de-los-Deportes-1982-432x600.jpeg)
Miles, cosecha 1982
Estación de Madrid-Atocha, tren largo recorrido con dirección a Burdeos y Hendaya. Bocata de paté a las finas hierbas y pensioncita en las afueras: todo sea por Miles.
![¡Ah, sí, el centenario de Miles! Una perspectiva patafísica. Por Chema García [Escrito de jazz AKA El Rincón de Chema] [Junio de 2026] Tomajazz El primer Miles nunca se olvida ¡Ah, sí, el centenario de Miles! Una perspectiva patafísica. Por Chema García [Escrito de jazz AKA El Rincón de Chema] [Junio de 2026] - Tomajazz - ¡Ah, sí, el centenario de Miles! Una perspectiva patafísica, es la nueva aportación de Chema García en El Rincón de Chema, en el centenario del nacimiento del trompetista](https://tomajazz.com/web/wp-content/uploads/2026/06/El-primer-Miles-nunca-se-olvida-522x600.jpeg)
En nada tendríamos a Miles en nuestro país convertido en el estandarte del postfranquismo y la predemocracia, como Raimon con Franco, pero en trompetista permanentemente cabreado. Su presencia, de acontecimiento, pasó a ser cosa de todos los días (exagero, claro está).
Le acompañamos en su caminar desde We want Miles a Time after time y subsiguientes; aprendimos a reconocerle/reconocernos en el ácido de su trompeta rebotando contra el gris del pabellón deportivo. Se nos dijo que sobrevivía a zumos de fruta: te lo creías o no. José Ramón Rubio escribió en El País aquello de “Yo no vi a Miles Davis”, titular a dos columnas (algo inimaginable hoy en día), y los que sí le vieron se le echaron encima.
Miles actuaba en palacios deportivos y la crítica respetable tomó partido contra su música, menos Ebbe Traberg, que era respetable pero entendía más de jazz que todos nosotros juntos.
Entonces el jazz estaba vivo, esa es la diferencia.
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Sucede que Miles tenía la virtud de hacerme sentir incómodo. Nunca me ha pasado con ningún otro músico de jazz. Bueno, Miles odiaba a los críticos y yo sentía que, de algún modo, aquel que tenía delante de mí no estaba siendo honesto. Estaba su arrogancia, la truculencia de su mise-en-scène (no hablo de los conciertos), el magnetismo un tanto inquietante que le adornaba, la teatralidad abrumadora que transportaba del escenario a sus encuentros con la prensa, y viceversa. Miles era una ficción de sí mismo. Uno se hizo crítico de jazz para no tener que pasar por estas cosas.
“La música de Miles Davis valida vanguardias periféricas que sabotean el purismo académico tratando el sonido como registro sociológico crudo y ruidoso de una insurrección constante delante de las nuevas dinámicas de opresión y del colonialismo de datos.” (3)
Una vida bajo su sombra
Digámoslo claramente: Miles era de trato difícil, o eso quería que creyéramos. “Tendréis mi arte, pero no me tendréis a mí”, nos estaba diciendo. El Dios Sol había nacido bajo la égida de Géminis, y eso lo explica todo para Don Cheadle. La psicología no es el fuerte de Miles ahead.
Uno quiso ver tras el gesto –de desdén, paso de todo, en realidad me importáis una mierda- un pliego de artificialidad, posturéo, mendacidad, patraña. El boxeador de pacotilla enfadado con el mundo. Sí, pero…
(Noto una perturbación en la fuerza, Miles ha pasado su egregia mano por mi hombro, me ha sonreído 😲, ha dibujado media docena de alienígenas escuchimizadas en mi ejemplar de Sketches of Spain…)
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Miles, como todos los genios, juega. Sus piruetas nos distraen y nos confunden. El artista del pueblo llano y sentimental convertido en pasto en el que pacen los poderosos, las elites, Jean-Paul Sartre y Jack Lang, Juliette Gréco y Jeanne Moreau… se hace necesario abrir la puerta a su noche oscura, con ansias, en amores inflamada, para encontrarnos con el Miles frágil, inseguro, tímido, puede que psicológicamente inestable. No afirmo nada; llámenlo intuición, o inconsciencia, o que me hago viejo. Miles lírico y distante, oscuro y luminoso, cálido y frío, Sly Stone y Karlheinz Stockhausen en trompetista de jazz. Su aparición estelar en un show de Prince (en YouTube) habla por sí misma: el trompetista da vueltas en torno al escenario como un león enjaulado. Su solo es una sucesión de clichés y frases hechas. Se aburre, aunque nunca lo va a reconocer.
Como Picasso, Miles no busca: encuentra. Como Basquiat, se desespera cuando no encuentra y tiene que quitarse la chupa de marca y recorrer las aceras en busca de inspiración. Lo que se cuenta, pero mal, en Miles ahead. Lo que se cuenta, pero bien, en el Playboy de septiembre de 1962 con la rubia Mickey Winters, parisina, residente en Chicago, aficionada a la equitación, los siropes de fresa y la música de Cannonball Adderley (¡!) ocupando la portada. Miles Davis -“controvertido, provocador”- habla desde su apartamento de 5 alturas: “mucha gente paga por ir adonde estoy tocando solo porque quieren verme. Han oído que soy un chico malo”.
El pueblo quiere sangre y no va a faltar quien se la proporcione. El plumillas sólo hace su trabajo; el mismo año en que Miles Davis anuncia su retirada, Lou Reed es llevado en volandas al centro del escenario en su concierto en Madrid (Pabellón Deportivo del Real Idem). El personal espera que le de un jamacuco pero Lou resiste. Lo que engorda a los Media puede matar al artista, literalmente.
Para saber sobre Miles tenemos a Traberg, si bien no son fáciles de encontrar sus escritos, y la “bio”, que le escribió Quincy Troupe, al estilo verbalizado de las de José Luis Ortíz Nuevo sobre Pericón de Cádiz y La Periñaca; información de primera mano, no necesariamente fiable, pero decididamente estimulante.
Miles ahead – rewind
El espectador de la fila 3, butaca 17, no termina de entender en qué se diferencia este sujeto más bien desagradable -violento, yonqui, palabrotero, machista, follador convulsivo- de cualquier otro de su especie, aparte su condición de trompetista (pero de éstos, hay también unos cuantos). Es algo que siempre me ha intrigado: ¿por qué motivo iba el personal en masa a escuchar a Miles.? Podría pensarse que era su música (posible, aunque no probable); o que se parecía en poco a los músicos de jazz de pelo planchado y pañuelo al cuello de la posmodernidad (un lugar común entre los fans del trompetista); o que Kind of blue queda muy propio en aquel rincón del living room, según se entra, a la derecha (sobre las propiedades de Miles como objeto decorativo léanse las crónicas de Boris Vian para Jazz News).
Se me hace difícil que nadie pueda encontrar una razón para escuchar a Miles Davis después de ver Miles ahead. Don Cheadle su director, toma la palabra: “he hecho una película que le hubiera gustado ver a Miles”. Lo dudo mucho.
Entre otras cosas, Miles era guapo.
Brasil – Miles
Con esto, que la historia de uno no es únicamente de uno sino de quienes comenzaron poniendo la semillita y le lanzaron a la vida, la escuela, los paseos en barca por el Retiro, y a la puta calle. Lo cuyo, que uno se va haciendo de a poquitos hasta llegar a la madurez y, entonces, ya es demasiado tarde. Y es por ello que, para entenderse uno a si mismo, debe remontarse a los tiempos en que se dedicaba a las cosas a las que se dedican los seres humanos con trece/catorce años mientras otros seres humanos de más edad y conocimiento hacían cosas que, para uno, en aquel entonces, carecían de ningún significado. Y así hasta que un día, sin venir a cuento, uno nace al jazz. La historia, como casi siempre, comienza por el final.
São Paulo, 325 kilómetros al Oeste de la sierra de Araras, año de 1974. Miles Davis somete a la audiencia que abarrota el Teatro Municipal a una sesión de electroshock por vía intravenosa / “un estruendo estridente, desquiciado, ininteligible y francamente molesto”(4). Lo que no era sino la exteriorización de los entristecidos cuervos de alas heridas que rondaban al jazzista, como en el poema de Becquer. Al Foster, baterista de la formación, fue el encargado de sujetar las riendas del caballo desbocado durante su estancia en la ciudad.
“Estaba llegando la hora del concierto y fui a buscar a Miles a su habitación. Había un montón de jovencitas haciendo cola a la puerta. Me abrí paso entre ellas y entré en la habitación. Miles estaba tumbado en la cama acompañado por unas cuantas hermanas medio desnudas y un montón de botellas de vodka vacías, restos de marihuana, coca… Lo cogí por donde pude y me lo llevé al concierto. Cuando regresamos, Miles empezó a sentirse mal, pensó que le estaba dando un ataque al corazón, con lo que le llevaron de urgencias a un hospital donde quedó internado. El concierto del día siguiente fue cancelado. Todos pensamos que iba a morir; sin embargo, se recuperó lo suficiente como para dar un concierto “extra” al día siguiente” (5).
Aquella fue la última aparición del trompetista en público. De regreso a los Estados Unidos, Miles se aisló del mundo por espacio de 5 interminables años. El tiempo que algunos invertimos en escuchar sus discos – los que nos llegaban – en la certeza de que nunca tendríamos la oportunidad de escucharle en vivo.
“Durante los cinco años que estuvo fuera de circulación le visité, prácticamente, todos los días. Y claro que sabíamos lo que hacía, todo el mundo lo sabía. Pero nunca lo hacía en público... incluso retirado, me siguió pagando un sueldo semanal, “para que no me fuera con otra”, decía, porque no quería que tocara jazz”.
Tiempos aquellos en que llamar músico de jazz a un músico de jazz constituía la mayor ofensa (Para más información véase “Miles Davis, aproximadamente. Reflexiones estivales en torno a “Miles Ahead” (la peli)” (6)).
Tomajazz: Texto © Chema García Martínez, 2026
Fotografías © Chema García, salvo las indicadas
Notas
(1) Ebbe Traberg, “Episodios. Escritos sobre jazz”. Editorial Eba al desnudo, 2005
(2) Palacio de los Deportes de Burdeos, 6 de mayo de 1982. Miles Davis, trompeta y teclados; Bill Evans, saxo tenor y flauta; Mike Stern, guitarra; Marcus Miller, contrabajo; Mino Cinelu, percusión; Al Foster, batería.
(3) Nathalia Grilo, “investigadora musical”. Diario Globo, Rio de Janeiro. 26 de mayo de 2026.
(4) Zuza Homem de Mello en conversación con el autor. Paraty, Rio de Janeiro. Fecha sin determinar.
(5) Al Foster, en declaraciones al autor. Ourense, Café Latino. Octubre de 2015
(6) Chema García Martínez, “Tocar la vida. El músico de jazz: vueltas en torno a una especie en extinción”. Alianza Editorial, Madrid 2019.
Anteriormente en El Rincón de Chema…
Sonny Rollins en su salsa. Por Chema García [Escrito de jazz AKA El Rincón de Chema] [Mayo de 2026]
Matar a Dios. Por Chema García [Escrito de jazz AKA El Rincón de Chema] [Mayo de 2026]
Errare humanum est. Por Chema García [Escrito de jazz AKA El Rincón de Chema] [Abril de 2026]
El crítico, la crítica, la muerte, yo. Por Chema García [Escrito de jazz AKA El Rincón de Chema]
Chema García en Tomajazz
https://tomajazz.com/web/category/_chema-garcia-martinez/
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